El Imperio de los Sentidos

Evolutivamente, nuestro cuerpo está preparado para el contacto, la vinculación y el placer. Nuestra postura bípeda nos ha proporcionado la posibilidad de liberar las manos, ya no necesarias para trasladarnos, sino manos libres, con dedos que acaban en yemas sensibles y no en garras o pezuñas, manos preparadas para tocar, acariciar, abrazar… La posición de los senos y de los genitales, más frontales que en otros animales, propician el encuentro. Más aún el hecho que nuestro erotismo no este regulado por ciclos hormonales, hace posible que el contacto sensorial y sexual sea un acto voluntario y elegido.

La actividad sexual humana se diferencia de los actos de apareamiento de las especies inferiores, justamente en que su fin no es meramente reproductivo, sino fundamentalmente una experiencia de placer.

Un cuerpo con más de cinco mil receptores sensoriales salpicados a lo largo y ancho de más de dos metros cuadrados de piel. Una piel sin pelaje, desnuda, que forma una enorme zona erótica en la que cada cual, según su experiencia, podrá descubrir sus rincones preferidos, construyendo su propio mapa erótico… por cierto, nunca definitivo.

El placer sexual no se limita al acto penetrativo. La búsqueda del goce en el encuentro de los cuerpos se relaciona con el aprovechamiento de nuestra capacidad sensorial. Desde aquí, la palabra sensualidad adquiere su real dimensión en el  contacto sexual.

Fuente: (puedes leer el artículo completo en el enlace)

http://www.renataortega.cl/el-imperio-de-los-sentidos

El sexo que se limita a unos someros juegos preliminares y luego a una ruta exprés hacia el orgasmo es un insulto a la capacidad humana para el placer.

ÉTICA PROMISCUA de Janet W. Hardy y Dossie Easton.

Fuente: (puedes descargar el libro en PDF desde el enlace)

http://www.academia.edu/10771626/Etica_promiscua_Dossie_Easton

 

 

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5 Comments:

  1. Fernando abril 17, 2016 Reply

    Una mujer desnuda y en lo oscuro
    tiene una claridad que nos alumbra
    de modo que si ocurre un desconsuelo
    un apagón o una noche sin luna
    es conveniente y hasta imprescindible
    tener a mano una mujer desnuda.

    Una mujer desnuda y en lo oscuro
    genera un resplandor que da confianza
    entonces dominguea el almanaque
    vibran en su rincón las telarañas
    y los ojos felices y felinos
    miran y de mirar nunca se cansan.

    Una mujer desnuda y en lo oscuro
    es una vocación para las manos
    para los labios es casi un destino
    y para el corazón un despilfarro
    una mujer desnuda es un enigma
    y siempre es una fiesta descifrarlo.

    Una mujer desnuda y en lo oscuro
    genera una luz propia y nos enciende
    el cielo raso se convierte en cielo
    y es una gloria no ser inocente
    una mujer querida o vislumbrada
    desbarata por una vez la muerte.

  2. Fernando abril 18, 2016 Reply

    Así es, pensé que lo había puesto.
    Mario Benedetti.

  3. Fernando mayo 01, 2016 Reply

    Rodando a goterones solos,
    a gotas como dientes,
    a espesos goterones de mermelada y sangre,
    rodando a goterones,
    cae el agua,
    como una espada en gotas,
    como un desgarrador río de vidrio,
    cae mordiendo,
    golpeando el eje de la simetría, pegando en las costuras del
    alma,
    rompiendo cosas abandonadas, empapando lo oscuro.

    Solamente es un soplo, más húmedo que el llanto,
    un líquido, un sudor, un aceite sin nombre,
    un movimiento agudo,
    haciéndose, espesándose,
    cae el agua,
    a goterones lentos,
    hacia su mar, hacia su seco océano,
    hacia su ola sin agua.

    Veo el verano extenso, y un estertor saliendo de un granero,
    bodegas, cigarras,
    poblaciones, estímulos,
    habitaciones, niñas
    durmiendo con las manos en el corazón,
    soñando con bandidos, con incendios,
    veo barcos,
    veo árboles de médula
    erizados como gatos rabiosos,
    veo sangre, puñales y medias de mujer,
    y pelos de hombre,
    veo camas, veo corredores donde grita una virgen,
    veo frazadas y órganos y hoteles.

    Veo los sueños sigilosos,
    admito los postreros días,
    y también los orígenes, y también los recuerdos,
    como un párpado atrozmente levantado a la fuerza
    estoy mirando.

    Y entonces hay este sonido:
    un ruido rojo de huesos,
    un pegarse de carne,
    y piernas amarillas como espigas juntándose.
    Yo escucho entre el disparo de los besos,
    escucho, sacudido entre respiraciones y sollozos.

    Estoy mirando, oyendo,
    con la mitad del alma en el mar y la mitad del alma
    en la tierra,
    y con las dos mitades del alma miro al mundo.

    y aunque cierre los ojos y me cubra el corazón enteramente,
    veo caer un agua sorda,
    a goterones sordos.
    Es como un huracán de gelatina,
    como una catarata de espermas y medusas.
    Veo correr un arco iris turbio.
    Veo pasar sus aguas a través de los huesos.

    Agua sexual, de Pablo Neruda

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